En Casa Néstor llevan cocinando tres generaciones desde 1932, cuando Néstor Arruquero abrió las puertas cara al mar dejando desde entonces una estela bien definida que continuó su hija Rosalía y la desarrolló, en la ubicación actual desde 1975, junto a su marido José Ramón, Pepe para todos.
Siempre me ha llamado la atención una cierta desproporción entre la calidad y originalidad de la cocina que se practica en este establecimiento y un insuficiente reconocimiento, si bien los clientes de la casa continuamos incondicionales a lo largo de casi cuatro décadas. Probablemente esto sea debido al no entendimiento del inconformismo, disidencia y singularidad de Rosalía Arruquero, maestra guisandera no al uso, fiel reflejo de la búsqueda continua de algo más allá de lo establecido. Heterodoxia pura.
Esta artesana de los fogones combinaba, tiempo ha, el jamón con almejas, probablemente el segundo plato tierra-mar de la cocina asturiana tras las fabas con almejas y se adelantó a utilizar cítricos, nuez moscada y chocolate en la cocina salada, consiguiendo en sus salsas pinceladas agridulces equilibradísimas con matices sensoriales absolutamente novedosos, de aquélla, por estos lares. Platos modernos que el tiempo ha convertido en clásicos pero que siguen sorprendiendo como el rey a la reina con delicados puntos de cocción que embelesan. Pero no se asusten los amantes de la cocina puramente tradicional que aún no conocen Casa Néstor porque podrán apreciar platos tan seculares como la caldereta, langosta con verdura, merluza en salsa verde, besugo al horno, calamares en tinta, y hasta buñuelos de viento. Eso sí , nada de argamasas ni guisotes de tropa. En las antípodas de lo que por desgracia no es infrecuente en la cocina tradicional asturiana, sin duda para mí la asignatura pendiente de nuestra culinaria.
Rosalía Arruquero, Rosita, se ha apartado de la cocina en los últimos años con lo que tiene más tiempo para retomar su gran afición al caballete y pintar deliciosos bodegones lo que no le impide seguir mostrándose observadora, inquieta y con una gran vocación de transmisión de conocimientos.
Afortunadamente todo este bagaje lo ha recibido su hija, otra Rosalía, quién dirige la cocina con ideas propias y renovadas respetando lo heredado. Su hermano Manuel y Jorge su marido, organizan y atienden sala y bodega con amabilidad y eficacia. El trío ha superado con suficiencia sobrada el gran reto que se les planteó hace años culminando con una acertada y luminosa reforma.
La estela sigue su curso a base de excelente tradición bañada de originalidad, buen hacer y, por supuesto, heterodoxia.